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La conectividad como protagonista silenciosa en este mundial de futbol

 


Soy apasionado del futbol y de las telecomunicaciones. Por eso, en un momento como este, en el que la Copa del Mundo concentra la atención de millones de personas, resulta inevitable observar que ambos mundos confluyen en un mismo escenario: el estadio conectado.

Sin internet de alta velocidad, no hay Mundial conectado y hoy quiero hablarles de la infraestructura invisible detrás de los grandes eventos y la economía digital.

La Copa del Mundo no solo se juega en la cancha. También se vive en millones de pantallas, transmisiones en vivo, aplicaciones móviles, redes sociales, sistemas de seguridad, plataformas de análisis de datos y servicios digitales que operan simultáneamente dentro y fuera de los estadios.

En eventos masivos como el Mundial, donde decenas de miles de personas se concentran en un mismo espacio y buscan conectarse al mismo tiempo, el internet de alta velocidad deja de ser un servicio complementario para convertirse en una infraestructura crítica. Cada fotografía compartida, cada video transmitido, cada pago digital, cada acceso electrónico y cada sistema de monitoreo depende de una red capaz de soportar picos extraordinarios de demanda.

Por ello, la evolución del internet de alta velocidad no debe entenderse únicamente como una mejora en la experiencia del usuario, sino como un habilitador estratégico de nuevas tecnologías, aplicaciones y modelos de operación.

La próxima generación de internet de alta velocidad

La conectividad avanzada es hoy la base sobre la cual se despliegan tecnologías como la inteligencia artificial, la computación en la nube, la telemedicina, la conducción autónoma, la realidad virtual, la realidad aumentada y la automatización industrial.

En el caso de la inteligencia artificial, las redes de alta capacidad permiten el entrenamiento de modelos distribuidos, el intercambio de grandes volúmenes de datos y la operación de servicios en tiempo real. En ciudades inteligentes, facilitan la conexión de sensores, cámaras, plataformas de movilidad, servicios públicos y sistemas de respuesta inmediata. En la Industria 4.0, permiten coordinar robots, líneas de producción, dispositivos IoT y sistemas de control donde cada milisegundo de latencia puede impactar directamente en el rendimiento, la seguridad y los costos.

Esta conectividad extrema también es indispensable en espacios de alta concentración de personas. Durante eventos deportivos internacionales, conciertos o concentraciones masivas, la red debe responder a demandas históricas de datos. Para el Mundial de 2026, por ejemplo, se han previsto consumos superiores a los 50 terabytes por partido, lo que evidencia la magnitud del reto tecnológico que enfrentan los operadores y proveedores de infraestructura.

En los ámbitos científico, urbano y de seguridad, el internet ultrarrápido también actúa como habilitador de nuevas capacidades, como la integración de comunicaciones y detección, conocida como ISAC, que permitirá combinar transmisión de datos con sistemas de monitoreo, sensores y radares de alta resolución.

De megabits a petabits: una evolución acelerada

En los últimos años, la conectividad ha experimentado un crecimiento vertiginoso. Las velocidades promedio de descarga, que hace poco más de una década rondaban los 31 Mbps en algunos países desarrollados, hoy superan los 300 Mbps en diversos mercados y continúan escalando de manera acelerada a nivel global.

La industria ha transitado de redes 5G estándar hacia el 5G-Advanced, mientras que los principales centros de investigación, fabricantes y organismos de estandarización ya trabajan en las bases del 6G.

Este avance no ocurre únicamente en la parte inalámbrica. La infraestructura física también está evolucionando. La creciente demanda de tráfico ha impulsado el desarrollo de nuevas generaciones de fibra óptica, como las fibras de núcleo hueco y las fibras ópticas multinúcleo, diseñadas para transportar más información, a mayores distancias y con menor latencia.

Al mismo tiempo, se observa un cambio tecnológico profundo: la electrónica convencional comienza a ser complementada, e incluso reemplazada en ciertos entornos, por soluciones optoelectrónicas y fotónicas capaces de operar en frecuencias extremas y procesar datos a velocidades antes impensables.

Récords de velocidad y tecnologías que están redefiniendo el internet

Los laboratorios e institutos de investigación han alcanzado avances notables mediante tecnologías de vanguardia que muestran hacia dónde se dirige la conectividad del futuro.

En redes inalámbricas y comunicaciones 6G, se han logrado transmisiones de 112 Gbps en la banda de 560 GHz utilizando micropeines de solitones fotónicos, una tecnología que permite reducir significativamente el ruido de fase e integrar componentes avanzados en transmisores microscópicos. Asimismo, consorcios japoneses han alcanzado transmisiones bidireccionales de 140 Gbps en la banda de 80 GHz mediante multiplexación por momento angular orbital.

Puede ser una imagen de texto que dice "¿Su truco? PCIT Los microcombs (peines de frecuencia ópticos) Imagina una regla hecha de luz: divide un láser en líneas perfectamente parejas y ultraestables. Esa estabilidad genera una señal THz "limpia", con muy poco ruido de fase (el temblor que arruina las señales rápidas)"

En fibra óptica multinúcleo, un equipo japonés consiguió un récord mundial de 1.02 petabits por segundo a lo largo de 1,808 kilómetros, utilizando una fibra de 19 núcleos con un grosor similar al de un cable estándar. Este tipo de desarrollos demuestra que aún existe un enorme potencial para ampliar la capacidad de transmisión sin modificar radicalmente las dimensiones físicas de la infraestructura.

En fibra óptica estándar, también se han obtenido avances relevantes, como la transmisión de 450 Tbps en fibra ya desplegada, mediante el uso combinado de cinco bandas del espectro óptico. Por su parte, la fibra de núcleo hueco ha permitido alcanzar 51.3 Tbps sobre 206.5 kilómetros sin repetidores, con una reducción de latencia cercana al 31%.

Las conexiones satelitales también forman parte de esta transformación. A nivel comercial, nuevas constelaciones de satélites de órbita baja buscan ofrecer servicios de mayor capacidad, menor latencia y cobertura global, con la expectativa de alcanzar velocidades cercanas a 1 Gbps en los próximos años.

El horizonte 6G: redes inteligentes, autónomas y tridimensionales

De cara a la década de 2030, se espera el despliegue comercial de redes 6G, diseñadas para aprovechar ondas de terahercios, superiores a los 300 GHz, y ofrecer velocidades que podrían superar 1 Tbps en determinados escenarios.

Este salto será posible gracias a transceptores híbridos, integración de fotónica en chips de silicio y nuevas arquitecturas de red capaces de combinar capacidad, cobertura, eficiencia energética y latencia ultrabaja.

También se prevé la consolidación de redes no terrestres, conocidas como NTN, que integrarán infraestructura en tierra, aire y espacio. Esto incluirá redes terrestres, plataformas de gran altitud, drones, satélites de órbita baja y satélites geoestacionarios, creando un ecosistema de telecomunicaciones tridimensional y continuo.

A nivel operativo, las redes del futuro incorporarán gemelos digitales, inteligencia artificial generativa y modelos avanzados de automatización. Con ello, será posible orquestar recursos, anticipar fallas, optimizar tráfico y autorreparar infraestructura de telecomunicaciones con niveles crecientes de autonomía.

En los centros de datos, la óptica coempaquetada también jugará un papel fundamental, al sustituir progresivamente interconexiones eléctricas por soluciones ópticas de mayor capacidad y menor consumo energético. Esto será clave para soportar el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y de los servicios digitales de próxima generación.

La velocidad como la base de la sociedad digital

La evolución del internet de alta velocidad ha trascendido la simple mejora en los tiempos de descarga. Hoy representa el tejido nervioso de la economía digital, de los servicios públicos modernos, de la industria, de la ciencia, del entretenimiento y de la vida cotidiana.

Eventos como la Copa del Mundo permiten observar con claridad esta realidad: detrás de cada experiencia conectada existe una infraestructura tecnológica compleja, robusta y altamente demandante. El reto no es solo conectar a más personas, sino hacerlo con calidad, seguridad, baja latencia y capacidad suficiente para responder a necesidades masivas y en tiempo real.

El salto de los gigabits a los terabits y petabits, impulsado por la convergencia de fibra óptica avanzada, comunicaciones satelitales, redes móviles, fotónica e inteligencia artificial, demuestra que los límites tradicionales de las telecomunicaciones están siendo redefinidos.

En este contexto, el internet de alta velocidad no es únicamente una herramienta tecnológica: es una condición habilitadora para la innovación, la competitividad y el desarrollo social. Sin redes ultrarrápidas, flexibles y resilientes, no habrá inteligencia artificial a gran escala, ciudades verdaderamente inteligentes, industrias automatizadas ni experiencias digitales masivas capaces de responder a las expectativas del futuro.

La conectividad ya no es invisible. Es la infraestructura que sostiene el presente y que hará posible el siguiente gran salto tecnológico de la humanidad.


Por Carlos Campa Arvizu.

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